Jardín Botánico

 

TURISMO, AGUA Y VIDA

Por: Marlene Benavides

 

 

El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua y esa celebración continúa en el arrullo de la cascada que entre rocas milenarias, acomoda un paisaje fresco y acogedor, donde el agua  vibra en notas silenciosas pausadas por el trino de los pájaros, resguardada por árboles que aman la lluvia y la reciben con un delicioso canto de alegría y gratitud.

Es un lugar perfecto para el turista que desea respirar aire puro y alimentar su espíritu con la belleza de un paisaje que ha crecido en medio de la ciudad, poco a poco, gracias al esfuerzo de muchos y cuya génesis estuvo en la mente de unos científicos amantes de la libertad. Oasis rodeado por el bullicio de una ciudad, que desde su interior nos declama un poema de  belleza y armonía.

Y que en ese interior circula, se expande, se esconde y vuelve a aparecer, ese precioso cristal, formando varios lagos de diferentes tamaños, una cascada, un nacimiento, varias fuentes que aparecen repentinamente en medio de cada paisaje. Es el agua que entra en mil conciertos de diferentes tonalidades; es ese ser vivo y misterioso que va más allá de una fórmula química. Es ese ser que toma la forma de las emociones de quienes le rodean, y que además de nutrir, limpiar y también purificarse, siempre vuelve con su sonido diáfano para sumergirnos en la armonía de su propia esencia.Este es un gran jardín, microcosmos de este amado planeta Tierra,  y semblanza de nuestro país, pues allí se encuentran especies de orquídeas como por ejemplo, la Odontoglossum luteopurpureu Lindl., flor emblema de la ciudad de Bogotá. También una hermosísima  y muy variada rosaleda, un invernadero semejando los climas desde la Guajira hasta el Amazonas. Variedades de plantas incluyendo un lugar especial para las medicinales y muchos otros lugares de estudio, investigación y esparcimiento, además de los nombrados inicialmente como las cascadas, lagos y fuentes.


Un paisaje hecho poema donde en cada espacio nos cuenta acerca de la perfección y sabiduría de la naturaleza y nos devela el misterio y la grandeza de nuestra existencia, digno de ser visitado con reverencia y asombro; es un oasis que en medio del bullicio repele el rumor incesante de la ciudad y nos sumerge en la armonía de su propio ser
Es posible que tuviéramos que viajar muy lejos para encontrar tanta paz en medio de la naturaleza; el agua y el paisaje van juntos y juntos van el canto de las aves la melodía del agua, el sonido cadencioso de las hojas de los árboles acariciadas por el viento, el silencio absorto de las flores de loto exhibiéndose majestuosamente con la complicidad del estanque…
Bienvenidos turistas y paseantes, a conocer este lugar tan común en muchos países y ciudades, en donde lo más seguro es que también se disfrute de tanta riqueza y belleza y donde el agua tenga un lugar privilegiado y cuya antítesis lamentablemente, son los desiertos que estamos contribuyendo de una u otra manera a formar. ¿Será posible que en un futuro entre lejano o tal vez muy cercano, estos jardines, integrados en las ciudades, sean los únicos que subsistan para mostrar que la vida existió manifestada en la gran variedad de plantas y animales  amparados en ecosistemas nutridos por el agua cristalina y generosa?

De repente, el susurro de las hojas hermanado con la melodía del agua, se convierte en una súplica que pide, ¡no más contaminación!, ¡no más petroleros derramando crudo en los mares!, ¡no más ondas electromagnéticas que alteren el ritmo de peces y aves migratorias!, ¡no más basura que dura más de quinientos años para descomponerse! ¡No más desvío del cauce natural de los ríos para fines comerciales!, ¡No más!, gritan estas plantas, ¡No más!, clama el agua: -no queremos que nuestra existencia un día, sólo sea para demostrar que  la vida alguna vez existió en este planeta,  manifestada en la gran variedad de plantas, animales y minerales, en ecosistemas nutridos por agua cristalina y abundante. Es posible que sea necesario transformar el día del agua en el siglo del agua, ante la urgente necesidad de comprometernos todos a defender la vida en nuestro Amado Planeta Tierra. Damos gracias al Jardín Botánico de Bogotá, José Celestino Mutis, por despertar esta conciencia en nosotros y especialmente por facilitar al turista, además de recreación e inspiración un conocimiento para convertir en práctica de vida.

 

Todas las fotos de Marlene Benavides©

 

Timandra Magazine No.3

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