Parque de los novios

 

UN PARQUE POLIFACÉTICO

Por: Marlene Benavides

 

¿Por qué se llama Parque de los Novios? ¿Por qué usualmente no se le nombra como Parque el Lago? ¿Es posible que se relacione con la decoración de macetas, con plantas ornamentales llamadas novios, que son los mismos geranios?

Al principio, parecería que ese nombre se lo diera una historia oculta, plasmada en el paisaje que cada espacio va formando, y, que en su conjunto, matiza un panorama de belleza y armonía donde, por separado, cada uno aloja una canción para el alma o un espacio celestino, donde el diálogo va más allá de las palabras mientras dibuja historias de sueños de amor o también es testigo de grandes amistades o quizá de un primer beso que se quedó apresado en el anhelo de algún enamorado.

También se podría creer que ese nombre coloquial evolucionara hasta abarcar mucho más: Una banca de madera mirando hacia el movimiento sutil de las aguas del lago,  induce a la paz y al solaz del espíritu. Pequeñas flores blancas habitan en un arco, adornando otra banca, que invita a un encuentro de corazones. Un tronco donde un poeta puede escribir sus versos inspirado por el canto agradecido de algún pájaro; un sendero que se pierde entre los árboles por donde alguien camina absorto en el  aquí y ahora de su existencia. U otro ser con el corazón en la mano,  evoca pensamientos que el viento dispersa.

Sus árboles guardan leyendas de más de cien años, con hojas arrulladas por el etéreo sonido de la flauta del señor Pan; bosque, frente al que el Cacique le ha podido componer una canción a la Cautiva, o donde tal vez, algún Romeo declaró su amor a su Julieta! O Eloísa y Abelardo se encontraron, pero nunca tuvieron el valor de decirse nada… o donde quizá  Guillermo nunca le declaró su Amor a su bienamada, por no romper el hechizo de estar siempre enamorados.

Hojas de Enero que vuelan con la magia de un atardecer dorado, corazones que palpitan escondiéndose detrás de una sonrisa, miradas que se sumergen en la magia del otro, tratando de encontrar esa alma gemela que sueña, en alguna parte. Este es el ícono de ese parque muy bien llamado coloquialmente, parque de los Novios, el que cada vez más se perfila como un lugar polifacético donde convive lo romántico y lo práctico.

Forma parte de los recuerdos de quienes en su época de estudiantes se divertían en ese nacedero natural, bañándose en lo que ellos llamaban charco y que  formara parte de  un humedal de la sabana de Bogotá. Transformado en lago en 1970, e inaugurado oficialmente como parque en agosto de 1975,  hoy se antoja ser un oasis que rompe el bullicio, el humo y el afán de una ciudad de prisa.  

El escenario donde se disfruta el paseo contemplativo, el silencio y la interiorización, en días de semana,  se transforma completamente, dando lugar al bullicio del encuentro familiar o de grupos de amigos, alrededor de casetas donde se comparte un almuerzo dominical preparado al carbón de leña, allí mismo en las parrillas; otros también, aprovechan el día con actividades de canotaje y los niños se divierten en el parque de juegos infantiles mientras los adultos se ejercitan en la ruta de gimnasia. El parque recibe la alegría de la gente y las plantas muestran valentía en espera de que nadie juegue con balones pesados que rompan sus hojas y flores o de que no sean asfixiadas con el humo de un cigarrillo fuera de contexto.
 
Tal vez, muchas de esas familias que  celebran su paseo el festivo, estén formadas por parejas de enamorados que en los atardeceres buscarán el refugio silencioso, para declamar sus poemas del alma.

Y ahí está, la banca donde se sienta el abuelo, el Amor está allí en su alma, acumulado en su historia, con la complicidad de los árboles…  mientras San Valentín recorre los senderos, esperando que aquí también se le recuerde el 14 de Febrero, al igual que en otros países y con la esperanza de venir en secreto en Septiembre a sumergirse en esa Fuerza Divina, que va desde la unión de dos existencias, pasando por la unión de toda la Humanidad, hasta trascender al Universo, a la misma Fuente Divina de Amor, al corazón de Dios.

 

Todas las fotos son de Marlene Benavides©

Timandra Magazine No.2

Queda prohibida la reproducción total y/o parcial de esta publicación por cualquier medio o procedimiento sin autorización previa, expresa y escrita de los titulares del Copyright y/o editor, bajo las sanciones establecidas en las leyes.  Los artículos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de Timandra Magazine.