Turismo en la Playa

 

Todos somos turistas en algún momento y siempre anhelamos estar en los lugares donde nuestro Ser comulga con los acordes del infinito y es cuando nos preguntamos, por qué la capacidad del océano para limpiarse ha sido superada por el exceso de desechos de toda clase, producto de la actividad humana, mas no de la misma naturaleza.

Por:  Marlene Benavides 

 

Magnífico paisaje que alimenta el alma, completa lección de la grandeza y perfección del Universo, su canto rítmico queda grabado en lo más recóndito de nuestro Ser; y cuando lo evocamos con los ojos cerrados nos sumergimos en esa sensación indescriptible que produce el mar, ese ser vivo que abarca nuestros sentidos y que envuelve entre sus olas emociones profundas, estados que trasportan el espíritu hacia el corazón mismo de la vida. Parece que no existe ser humano que no lo busque en la primera ocasión, anhelando transportarse en esa sinfonía de color y sonido que apacigua el alma, el sentirlo así como ha podido ser el primer abrazo de Dios cuando aparecimos en el Universo.

Quienes habitamos lejos buscamos la playa en la primera ocasión. La queremos tener ahí, en una grabación o en una fotografía o en una pintura y no es de extrañar que encontremos un símil en el interior, en una ciudad alta.

Así como en otras ciudades del mundo, esta construcción paisajística también se encuentra en uno de nuestros parques en Bogotá, el Parque Simón Bolívar. Es un lugar digno de visitar y ver con ojos de poeta un lugar donde se plasma el anhelo humano de encontrar un cielo azul sobre el agua cristalina y la sensación de la arena en los pies descalzos, oasis de refugio en medio de una ciudad bulliciosa, donde fluye la promesa de un mundo de Armonía, Hermandad y Amor.

Por qué a los visitantes de las playas no les importa que rueden por ahí, botellas, platos, empaques, bolsas y cantidad de basura plástica que asfixiará a los peces o será tragada por los delfines y ballenas, contribuyendo a la extinción de magníficas especies, convertidas en víctimas del adormecimiento de la conciencia humana. Y más aún, el derrame de petróleo de los barcos cargueros, imposible de limpiar, los residuos radiactivos y todos los desechos de sustancias químicas que se arrojan al mar, ocasionando una catástrofe en el agua, el aire y la tierra. 

Si es cierto que el mar devuelve a las playas todo lo que le sobra, troncos de árboles, cuerpos de animales, trozos de metales, pero la cantidad de desechos supera su capacidad de renovación, y ya no puede más, corales, plantas, peces, mueren sin oxígeno. Las olas no acercan a la playa su romántica espuma blanca, sino bolsas plásticas, vasos y botellas desechables y toda clase de basura no degradable.

Exijamos que se protejan los ríos y los mares, que se practique el reciclaje, que se cumplan las leyes internacionales sobre doble carcaza en los barcos cargueros. Y muchas otras leyes sobre control de la contaminación, que se están quedando en el papel. Todos somos turistas por naturaleza, y entre más recorremos nuestro preciado planeta, más lo amamos...

 Timandra Magazine No. 5

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